Me voy

Una gota. Dos gotas. Tres gotas. Cuatro gotas.

Agito fuertemente el frasco, treinta y seis gotas caen atravesando el agua templada. Las conté una a una.

Tomo el vaso con mis manos temblorosas. Me siento en la cama, me pongo los auriculares y de un solo trago me bebo todo el líquido. El familiar sabor ácido invade mi boca. Pongo mi lista de reproducción creada especialmente para la ocasión y me acuesto mirando el techo.
Es ahora cuando la tranquilidad, la paz absoluta comienza a invadirme, me dejo absolutamente a su merced.

Cierro mis ojos, siento cómo me alejo. Con vértigo, rápidamente, me voy.
Me voy. Me voy.
Me fui.

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