Gorda

Iba caminando por la calle con un amigo, saliamos de un bar luego de habernos pasado la noche hablando y riendo compulsivamente. Prendo el quinto cigarrillo del día y sigo el camino. Al doblar en una esquina muy concurrida, un auto con cuatro hombres ebrios adentro, se detiene momentaneamente y me gritan: “sos hermosa, GORDA”… mi amigo mira sin decidirse entre el enfado o la ignoracia… y yo lo único que pienso es “se dieron cuenta”.

Sí… porque yo ya lo sé. 

Soy gorda, obesa… siempre  lo fui… gracias por hacer que no lo olvide, gracias por no dejarme disfrutar una sola noche.

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Me voy

Una gota. Dos gotas. Tres gotas. Cuatro gotas.

Agito fuertemente el frasco, treinta y seis gotas caen atravesando el agua templada. Las conté una a una.

Tomo el vaso con mis manos temblorosas. Me siento en la cama, me pongo los auriculares y de un solo trago me bebo todo el líquido. El familiar sabor ácido invade mi boca. Pongo mi lista de reproducción creada especialmente para la ocasión y me acuesto mirando el techo.
Es ahora cuando la tranquilidad, la paz absoluta comienza a invadirme, me dejo absolutamente a su merced.

Cierro mis ojos, siento cómo me alejo. Con vértigo, rápidamente, me voy.
Me voy. Me voy.
Me fui.