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Paisajes

Una noche como hoy en la que mi sangre ruje por tu sangre y mis navegantes y sinuosos vuelos mentales no dejan de arrastrarme sin piedad a una fotografía que refleja en tus ojos el mas hermoso de los brillos.

Suelto a borbotones todo el veneno que mi cuerpo contiene, escupo suave espuma cremosa que diluye todo a su paso.

La cuidad me acompaña en la furia, en el fervor. Alimenta esta sed interna que me obliga a jalarme la ropa para aliviar la presión. Casi al borde de la locura mi cerebro logra evocar tu rostro, imagino tu mirada expresiva y me dejo llevar.

El mar calmo y templado me roza los pies. Gaviotas revolotean y caminan sobre la arena húmeda. Un médano bañado por la luz dorada del intenso sol del desierto. El verde de los árboles del parque que visitamos solo una vez. El aire puro del bosque traido como en una capsula acude a mí al igual que otros miles de paisajes de paz que mi mente percibe solamente al recordar tu risa.

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Fuego

Mis ojos no ven la llama pero mi cuerpo entero la siente. Mi dedo pulgar presiona el encendedor sin intención alguna de detenerse.

Mi mano entera se abre y el encendedor calcinado cae a la cama prendiendo suavemente la sábana ajustable. 

Me río. Mis ojos no ven la llama pero mi cuerpo entero la siente, la cama ardiendo se chamuzca y cruje al compás del fuego. Mi cabeza se levanta, recorro la habitación violeta con la mirada. 

Me río. El cuarto es naranja, amarillo y negro ahora. Mis libros festejan la liberación, mis cosmeticos y perfumes se derriten haciendo pequeñas y grandes explosiones, de la cama ya nada queda. Miro la ventana con sus cortinas ennegrecidas, se consumen cada vez mas rápido. Me río.

Mis ojos ahora ven la llama pero la llama me siente a mí, me abraza y me recibe en su interior. Me río y me fundo con ella.