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Espero

Espero que sea una noche tranquila y solitaria. Salgo a sentarme entre las plantas y mis ojos se van hacia el cielo en busca de la luna. Un angelito blanco se sienta a mis piernas y me dá calor. Le acaricio la cabeza y cierro los párpados. De repente, con paso lento pero decidido viene hacía otro ángel que se sienta a mi derecha y me cuida de la gente que pasa por la calle y me observa. A éste no le gustan los extraños, él prefiere estar en familia, enseñar a los jóvenes y recibir cariño como un anciano.

Miro el camino desértico y floto.

Mis pies desnudos sienten la brisa suave y fresca. Una estrella me roza el cabello y deja pequeñas partículas brillantes en el aire.

¿Quién es aquel ser que vislumbro entre las hojas? Sé que me ve pero no encuentro sus ojos. Sé que si lo llamo pasará a ser parte del cielo infinito y quedaré a la deriva como antes de saber de su existencia. Por eso, lo sigo en absoluto silencio y con extremo cuidado.

Cuando él lo decida, mis manos rozaran su paz y me traspasará un velo susurrante y sereno que sacará de mí todo lo inservible y me dotará de luz y parsimonia.

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Cerezo

Soldaditos de plomo que marchan al compás de la noche.
La luna salada ilumina el cerezo rojo. Aquella dama real mira por la ventana hacia el mar verde embravecido.
Qué será lo que espera?
Será aquel fruto brillante que salta y gira cuando sale el sol?
Ese espectro no es bondadoso, al contrario, es malévolo y gris como la ceniza.

Fragmentos que surgen cuando me menea la mente 🌺

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Fuego

Mis ojos no ven la llama pero mi cuerpo entero la siente. Mi dedo pulgar presiona el encendedor sin intención alguna de detenerse.

Mi mano entera se abre y el encendedor calcinado cae a la cama prendiendo suavemente la sábana ajustable. 

Me río. Mis ojos no ven la llama pero mi cuerpo entero la siente, la cama ardiendo se chamuzca y cruje al compás del fuego. Mi cabeza se levanta, recorro la habitación violeta con la mirada. 

Me río. El cuarto es naranja, amarillo y negro ahora. Mis libros festejan la liberación, mis cosmeticos y perfumes se derriten haciendo pequeñas y grandes explosiones, de la cama ya nada queda. Miro la ventana con sus cortinas ennegrecidas, se consumen cada vez mas rápido. Me río.

Mis ojos ahora ven la llama pero la llama me siente a mí, me abraza y me recibe en su interior. Me río y me fundo con ella.