Menea la mente

Future me

Hay momentos críticos donde veo mi futuro finito lenta y firmemente escurriéndose sobre una acera oscurísima, fría y solitaria, imagino mi debilidad ante la vida y proyecto fantasmas susurrantes en las paredes de mi mente sin siquiera poder girar mi cabeza a los lados. Olvido que tengo brazos que pueden hacer mas que entrelazarse mutuamente, olvido que mis piernas llegan mucho mas lejos que la puerta de mi casa. Envuelvo mis ojos en vendas negras tratando de cauterizar mi vista y protegerla del mundo cuando soy yo la que quema. Pero también hay momentos críticos donde veo mi futuro a través de una ventana luminosísima y grande, me siento ante la tibia mesa de madera y admiro los copos de nieve caer en la vereda a la vez que dejo mi mente fluir con el canto de algún violín dulce de la radio, abro mis brazos tiernos ante la gente y dejo mi corazón envuelto entre telas de algodón rosado a la merced del universo.

¿Es posible tanto extremismo? sí, claramente.

¿Es sano?

 

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Literatura·Menea la mente

McGrasa

No sé qué me repugna mas, si el acto casi sexual, las caras orgásmicas que ponen al morder ese bastoncito frito y embadurnado con ketchup o la cantidad de alimentos dañinos que ingieren sin realmente saber qué tiene ese disco marrón, caliente y grasosos que llaman carne.

Apenas cruzo las puertas automáticas el olor del aceite viejo y quemado me pega un cachetazo de lleno en toda la cara. Me voy a ir de este lugar de mierda toda apestosa. Camino hacia la condena, mis zapatillas hacen un sonido entre gracioso y asqueroso al pasar por el piso enchastradísimo con esa crema blanca nombrada helado. De solo ver los polvos y líquidos de procedencia dudosa me deprimo. Miro el menú y solo veo blancura, el banner luminoso chorrea grasa y se derrite lentamente. La gente asombrada se mira las manos mugrientas y tratan de limpiarse en la ropa. Una vieja sin dientes me pasa su mano pegajosa por la manga y un señor se limpia en mi pantalón, a mi alrededor las personas son como largas y blandas velas sin pabilo debajo del sol de enero.

Menea la mente

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Día a día lucho enseñándome y recordándome lo importante que es no sucumbir ante la comodidad de ser una oveja gorda y peluda acarreada por el sistema, conducida ciegamente hacia no sé dónde por el capitalismo hermoso que nos confronta. Hay momentos en lo que mi mente se cierra a mí. Hay mañanas en las que no quiero levantarme, no quiero ni abrir los ojos, solamente deseo que algún ser pensante me dé una palmada en el hombro y diga que tengo que seguir adelante haciendo lo que verdaderamente siento para que en un futuro cercano, o lejano, alguien se contagie y se anime a cuestionar y cuestionarse, con criterio… y a reclamar junto conmigo los derechos que realmente merecemos.

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Ruedo

Subí a un auto que no era para mí. Miré el sms y supe en ese mismo momento lo terrible de mi situación.

La ruta es lisa, el viento logra apenas colarse por la ventana. Me sofoco, busco aire nuevo, aire puro para limpiar mis pulmones del fétido olor que despide el maldito auto.

Sigo, en silencio, analizando las posibilidades,algunas descabelladas otras fatídicas.

No sé cómo salir de esta. Temo, pienso, temo, resuelvo. 

Mi cuerpo rueda sobre el cemento, siento mi piel limarse con el suelo arenoso y duro. El aire es pesado ahora, no llega lo suficientemente rapido a mis pulmones. Ruedo rapido, no puedo detenerme mientras giro en la acera. Dudo seriamente si sobreviviré o no. Por un mínimo instante me siento arrepentida de haber abierto la puerta, de haberme lanzado al vacio y a mi suerte. Luego recuerdo, no tenía mejor opción.