Fuego

Mis ojos no ven la llama pero mi cuerpo entero la siente. Mi dedo pulgar presiona el encendedor sin intención alguna de detenerse.

Mi mano entera se abre y el encendedor calcinado cae a la cama prendiendo suavemente la sábana ajustable. 

Me río. Mis ojos no ven la llama pero mi cuerpo entero la siente, la cama ardiendo se chamuzca y cruje al compás del fuego. Mi cabeza se levanta, recorro la habitación violeta con la mirada. 

Me río. El cuarto es naranja, amarillo y negro ahora. Mis libros festejan la liberación, mis cosmeticos y perfumes se derriten haciendo pequeñas y grandes explosiones, de la cama ya nada queda. Miro la ventana con sus cortinas ennegrecidas, se consumen cada vez mas rápido. Me río.

Mis ojos ahora ven la llama pero la llama me siente a mí, me abraza y me recibe en su interior. Me río y me fundo con ella.

Gorda

Iba caminando por la calle con un amigo, saliamos de un bar luego de habernos pasado la noche hablando y riendo compulsivamente. Prendo el quinto cigarrillo del día y sigo el camino. Al doblar en una esquina muy concurrida, un auto con cuatro hombres ebrios adentro, se detiene momentaneamente y me gritan: “sos hermosa, GORDA”… mi amigo mira sin decidirse entre el enfado o la ignoracia… y yo lo único que pienso es “se dieron cuenta”.

Sí… porque yo ya lo sé. 

Soy gorda, obesa… siempre  lo fui… gracias por hacer que no lo olvide, gracias por no dejarme disfrutar una sola noche.

Ruedo

Subí a un auto que no era para mí. Miré el sms y supe en ese mismo momento lo terrible de mi situación.

La ruta es lisa, el viento logra apenas colarse por la ventana. Me sofoco, busco aire nuevo, aire puro para limpiar mis pulmones del fétido olor que despide el maldito auto.

Sigo, en silencio, analizando las posibilidades,algunas descabelladas otras fatídicas.

No sé cómo salir de esta. Temo, pienso, temo, resuelvo. 

Mi cuerpo rueda sobre el cemento, siento mi piel limarse con el suelo arenoso y duro. El aire es pesado ahora, no llega lo suficientemente rapido a mis pulmones. Ruedo rapido, no puedo detenerme mientras giro en la acera. Dudo seriamente si sobreviviré o no. Por un mínimo instante me siento arrepentida de haber abierto la puerta, de haberme lanzado al vacio y a mi suerte. Luego recuerdo, no tenía mejor opción.

Viva?

¿qué te pasa? ¿por qué estás así? ¿por qué decís esas cosas?

No sé, no sé nada.

Me preguntan porqué soy así, porqué reacciono de esta manera. Me preguntan porqué estoy deprimida, porqué estoy cada vez mas aplastada contra el suelo. Me dicen que tengo que dejar de ser tan dramática.
Paro de contar mis problemas… porque soy dramática, porque ellos no quieren saber, porque les molesta escucharme decir lo sola que me siento, lo triste que estoy. No pueden entender que me levanto todos los días como si tuviese que asistir a un funeral, no comprenden mi neutralidad, mi desgana para todo.

Me preguntan qué me pasó de chica, cómo me criaron, qué me hicieron para que yo odie la vida como la odio. Me dicen que a pesar de todo tengo que seguir adelante, caminar erguida y sin miedo, afrontando mis problemas.
Les digo que cómo hago eso si no sé siquiera cuál es mi problema. Siempre me sentí así, siempre tuve este vacío dentro mío. Desde que tengo noción ésta ausencia me atormenta. A veces puedo apaciguarla, a veces puedo hacer como si no existiese… pero dura unos pocos días, tal vez semanas (con suerte).

No, ya probé con ser optimista.
No, no es solamente una fase.
Decidí que ya no quiero luchar, no quiero saber qué será de mí dentro de unos años, eso no me preocupa, me tiene totalmente sin cuidado. No me interesa saber de nada, no quiero saber sobre la actualidad, no me importa cómo está mi familia, no me importa qué es de mis amigos. No me interesa nada, todo perdió sentido para mí… o tal vez nunca lo tuvo.

Hace días pienso en eso… en que no tengo recuerdo de haber tenido alguna vez en mi vida una pasión verdaderamente profunda.
Nunca nada me llenó, nunca nadie logró hacerme sentir como tanto esperé, nunca quise realmente cumplir una meta. Actué de acuerdo a lo común, hice lo que se suponía que debía hacer. Fui al colegio, estudié, hice muchísimas cosas entre ellas artes marciales, baile, canto, patín. Nunca nada de eso me hizo sentir suficiente, siempre me sentí torpe, ignorante, incapaz. Sí, sé que solo yo puedo cambiar eso, pero no quiero, no tengo ganas. No me importa esforzarme para lograr algo, no quiero mejorar, no quiero empeorar. Solo existo, respiro, me alimento. Existo para que la gente que me quiere no me moleste, para que crean que estoy bien, que voy tirando. Para que me dejen estar.

¿cómo sigo así? ¿hasta cuándo tendré que actuar?
Estoy cansada, las razones para existir se me acaban, pierden su fuerza. No quiero buscar otras, no quiero. No tengo miedo, no tengo amor, no tengo alegría ni tengo tristeza. No siento nada mas que este vacío insoportable que me consume. Lo siento en todo mi cuerpo latiendo cada vez mas fuerte, haciéndose denso y pesado. Siento cómo invade cada recoveco, tapa mis venas, cubre mis huesos, tensa todos mis músculos. Ya no quiero luchar contra él, no quiero hacerle frente, quiero que me apague lo mas pronto posible. Quiero que se apure y me aniquile, quiero que por fin termine de dominarme y poder ser libre, poder dormir y descansar por siempre.

Me voy

Una gota. Dos gotas. Tres gotas. Cuatro gotas.

Agito fuertemente el frasco, treinta y seis gotas caen atravesando el agua templada. Las conté una a una.

Tomo el vaso con mis manos temblorosas. Me siento en la cama, me pongo los auriculares y de un solo trago me bebo todo el líquido. El familiar sabor ácido invade mi boca. Pongo mi lista de reproducción creada especialmente para la ocasión y me acuesto mirando el techo.
Es ahora cuando la tranquilidad, la paz absoluta comienza a invadirme, me dejo absolutamente a su merced.

Cierro mis ojos, siento cómo me alejo. Con vértigo, rápidamente, me voy.
Me voy. Me voy.
Me fui.